Todos los vecinos de la calle Buenos Aires de la colonia Independencia, en Yautepec, Morelos escucharon ruidos extraños, aullidos o una especie de lamentos, son brujos o seres sobrenaturales, son nahuales.

Sí, esas personas que tienen una fuerte conexión con su instinto animal y pueden convertirse en perros, marranos, burros, gatos, guajolotes y hasta caballos, pero que su fin es asustar a cualquiera.

Y ¿cómo los identifican?, porque lloran como humanos y, desde hace cuatro meses, los Nahuales asustan a los vecinos de esta demarcación de Yautepec, a las 3:00 de la madrugada.

Para evitar que entren a sus casas, los creyentes de estas leyendas mesoamericanas, pintaron cruces blancas en sus fachadas, puertas y ventanas, es una manera de protegerse de estos seres que según la historia habitan principalmente en las rivieras de los ríos, pero al pintar la cruz evitan así una posible maldición.

“Una vecina, notó en una ocasión que un perro le estaba tirando la ropa que colgó en su patio, cuando lo quiso ahuyentar, el perro la arañó y después lloró como un humano, era un nahual”, expresó Liliana “N”, vecina de esta pequeña avenida.

Liliana, narró en entrevista para El Financiero que cuando escucharon los llantos de diferentes animales, se pusieron de acuerdo para pintar las cruces para alejar al nahual, antes de llevar un cura a rezar.

“Ya tiene tiempo que hemos escuchar ruidos, como marranos; como que aúllan, como a las 3:00 de la mañana, qué es la hora en que está más solo

Las personas aseguran haber visto al Nahual.

Esta localidad se encuentra sobre la Carretera Federal Yautepec-Cuernavaca, misma que cruza por el lúgubre Cañón de Lobos y que también está lleno de historias de suspenso, es obligación pasar por este camino, para llegar a este municipio, si no se quiere pagar caseta.

Hay tiendas de abarrotes, talleres de hojalatería, algunas viviendas modestas con sus puertas abiertas que dan a la calle y en el que se puede saludar unos con otros, principalmente cuando el vendedor de cloro, llega anunciando su producto “lazol”, entonces todos salen con sus garrafas a comprar y otros más le donan sus tapitas de botellas de plástico pet recicladas.

También sobre la avenida colocaron una capilla, que al centro tiene una Guadalupana, a su costado derecho la imagen de San Judas Tadeo y al otro un Arcángel, y varias imágenes de San Juan Diego, ello en señal de que son colonos fieles a la religión católica.

Doña Berna, que está parada afuera de su casa en una andadera ortopédica, en espera de que el escandaloso vendedor se acerque a su puerta, narró que las cruces no las pintó ella, si no algún vecino de los que escuchó a los nahuales y que quería protegerla a ella y a su familia.

“Notamos su presencia porque hacían ruidos extraños, meneaban los carros, salíamos y no había nadie, puros animales, perros, guajolotes, pero también he pensado que han de ser algunos chamacos queriendo espantarnos”, expresó.

Doña Berna contó que la leyenda de los nahuales y también La Llorona datan desde la época en que la Hacienda de Cocoyoc allá por el siglo XVII, convertido ahora en un lujoso hotel resort de los más solicitados por los vacacionistas.

Sin embargo, la anécdota de los nahuales tuvo más notoriedad en días recientes porque al menos dos vecinos, narraron las entrevistadas, ya los tuvieron de frente y fue entonces que tanto portones, ventanas y muros tienen una cruz blanca.

Por Staff

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